De boda y con los pies en el suelo

Los zapatos de la novia

Sin duda, la estrella que más brilla es la novia. También es la que más decisiones debe tomar al elegir calzado.

Atiende al dónde y al cuándo

El calzado depende del lugar y del momento. ¿Cuándo y dónde se celebra la boda? Los zapatos abiertos son perfectos para una boda que se celebra de día, y además son estupendos tanto en espacios cerrados como abiertos. Todo depende del estilo. Por ejemplo, las sandalias de novia serán ideales para una luminosa boda en un jardín o terraza.

Si prefieres un calzado abierto con algo más de «cuerpo», puedes probar unos peep toe, que te ofrecen auténtica versatilidad: bodas diurnas, nocturnas en espacios abiertos, o celebraciones en espacios cerrados.

El zapato cerrado clásico es apropiado para las bodas nocturnas y para las que se celebren en un salón. ¿Te apetece un elegante y sofisticado botín? Puedes tenerlo, pero solo si es una boda en otoño o invierno.

Las alternativas

¿Tacón de aguja o ancho? Si no estás acostumbrada a llevarlos, quizá no sea buena idea llevar unos tacones de 10 cm el día de tu boda. Puedes apostar por zapato plano, más cómodo. Hay alternativas muy interesantes: unas bonitas bailarinas valen para noche, día, dentro y fuera. Las sandalias planas son perfectas para bodas boho y de estilo rústico. El zapato de tacón de cuña es lo que necesitas si tu boda es playera.

Los zapatos del novio

El calzado del novio suele ser más sobrio y sus opciones más limitadas. Hay tres tipos básicos: el zapato Oxford (negro, de estilo inglés, clásico y elegante); el zapato Legate (negro o marrón, con punteado, ligeramente más informal) y el mocasín (de colores diversos y más informal).

Estilos y sugerencias

Tanto para ella como para él, los zapatos deben ser cómodos y bonitos. Hay muchos formatos disponibles: piel, charol, encaje, tela…; y múltiples elementos decorativos. ¿Cuál elegir? ¡Eso depende de cómo combinen con tu traje!

También podemos alejarnos de los cánones y elegir calzado diferente. ¿Unas zapatillas? ¿Botas? ¿Alpargatas de esparto? ¿Zapatos personalizados? ¿Calzado de estilo cañero? Según sea el estilo de la boda, y si los novios son atrevidos, podría ser una idea rompedora y un estilismo inolvidable y único.

Por último, no olvidéis los zapatos de recambio, que alivian los pies cansados después de horas de calzado «oficial». ¡Pero que sean bonitos y combinen! Por ejemplo, después de una larga ceremonia y un baile nupcial con taconazos, quizá ponerse unas comodísimas bailarinas sea un auténtico regalo de bodas. ¡Y a bailar!

 


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